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Archive for 3 de julio de 2009

VI  Superación del dualismo religioso

Lo divino y lo humano separados

Lo de el último día, sobre los sacrificios y la magia, arroja un saldo que suele contaminar la idea que tenemos de religión, un saldo que consiste en el dualismo del hombre religioso: Dios arriba y los hombres abajo; lo divino y lo humano separados, el cielo y la tierra como dos mundos irreconciliables, esta vida terrena y mortal y la otra, donde viven los dioses ya no existe la muerte. Y también el dualismo lo presentamos como derecha e izquierda, en términos del Juicio Final que narra San Mateo.

La religión ha creado un mundo dualista y cuando el dualismo se hace radical aparecen los errores de la religión. El dios bueno crea las cosas buenas, y el dios malo crea las cosas malas. El dios bueno creó el día y el dios malo creó la noche. Es verdad que el dualismo es fundamental en el hombre. Estamos constituidos dualmente y pensamos en dual. La parte derecha del cerebro y la parte izquierda se distinguen como la intuición y el razonamiento, la poesía de las matemáticas, lo masculino y lo femenino, la razón y el corazón, etc.. Y al estar constituidos dualmente, hacemos a los dioses también duales, el bueno crea el alma y el malo crea el cuerpo.

Los que hemos pensado durante años en dual, y a lo mejor seguimos pensando así, estamos todavía en una religiosidad provisional. Sin embargo, el cristianismo, desde el punto de vista religioso, ha puesto en crisis esa relación tan distante entre Dios y el hombre. Ya no es aceptable el dualismo. El hombre puede llamar a Dios Padre, y por tanto considerarse como hijo. El Padre y el hijo son dos, pero la continuidad familiar, sanguínea o espiritual, hace que sean el mismo. San Pedro dice en su carta: “somos carne y sangre de Dios”. Está aludiendo a una unidad entre Dios y el hombre nunca vista en ninguna otra religión.

Es verdad que quedan restos en el lenguaje, y en la forma de expresarnos, que conservan el “arriba” de Dios y el “abajo” de los hombres. Pero en los evangelios encontramos varias alusiones que ponen fin a esa concepción dualista. Por ejemplo, en el bautismo de Jesús se dice que se rasgó el cielo, “se abrió el cielo, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lc 3, 22).

En el relato de la ascensión se presenta a Jesús subiendo al cielo, pero al mismo tiempo se les dice a los discípulos que dejen de mirar hacia arriba y vuelvan a Galilea, el lugar del trabajo que les ha encargado el Maestro.

Pero sobre todo, desde el punto de vista teológico, el cristianismo ha juntado las dos cosas, y San Pablo encontró una frase feliz para expresarlo: Cristo ha derribado el muro que las separaba, ha hecho de las dos dimensiones una realidad. Dios y hombre son una sola cosa en Cristo. Por tanto, cuando piensas en forma dual, estás en una religión pre-cristiana.

Pensemos en esto: la vida eterna no comienza cuando te mueras, sino mientras vives aquí. Las dos son la misma vida.

La pareja que cambió la historia página. 39
Autor:Juan José Fernández sj
ISBN: 978-987-23370-9-4
Materia: filosofía cristiana, teologíahttp://www.editorialdeorienteaoccidente.com/

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