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Posts Tagged ‘oraciones del Reikista Crístico’

El presente Salmo es un canto de acción de gracias. Se nos indica dónde está la  verdadera fuerza del rey. Su singular grandeza y poderío le vienen de Dios.

El versículo último es la respuesta del pueblo reunido para festejar al rey. En el fondo, lo que se celebra y canta es la asistencia divina: Dios es el auténtico héroe, el único vencedor.

El texto fue extraído del libro de Reiki Crístico, Pág. 214.R-C

El salmo 21

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,

¡y cuánto goza con tu victoria!

Le has concedido el deseo de su corazón,

no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,

y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.

Te pidió vida, y se la has concedido,

años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,

lo has vestido de honor y majestad.

Le concedes bendiciones incesantes,

lo colmas de gozo en tu presencia;

porque el rey confía en el Señor,

y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,

y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

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Este Salmo nos invita a golpear las puertas del cielo. Dios no necesita muchas palabras, necesita que confiemos en Él y de que hagamos nuestra oración con el corazón (no con palabras vacías y huecas, ya sabe lo que necesitamos).

Como dice Jesús: “Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo”.

Libro de Reiki Crístico

Este texto fue extraído de Pág. 213.

Salmo 17

Yo te amo, Señor mi fortaleza,

mi roca, mi baluarte, mi liberador.

Eres la peña en que me amparo,

mi escudo y mi fuerza, mi Salvador.

En el templo se escuchó mi voz,

clamé por Ti en mi angustia.

Extendiste tu mano y no caí,

tu poder del enemigo me libró.

Las olas de la muerte me envolvían,

me aguardaba la ruina,

pero el Señor venció.

Tú eres la luz que me ilumina,

quien abre mis caminos,

Tú eres mi Dios.

En el templo se escuchó mi voz,

clamé por Ti en mi angustia.

Extendiste tu mano y no caí,

tu poder del enemigo me libró.

Cuando yo invoqué tu nombre,

con mano poderosa,

me salvó tu Amor.

Son perfectos tus caminos,

tus manos me sostienen

Tú eres mi Rey.

En el templo se escuchó mi voz,

clamé por Ti en mi angustia.

Extendiste tu mano y no caí,

tu poder del enemigo me libró.

.

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¿Quién es Abbá?


Ésta es una de las experiencias más vivas del seguidor de Jesús. “Un día —contaba una persona que estaba sumergida en la meditación—, escuché en el oído como que los angelitos me decían algo del ABBA. No sabía que querían
decirme. Pregunté qué significaba esa palabra y alguien me dijo: es la palabra que Jesús utilizaba para llamar a Dios. Es la palabra del Padre nuestro. Abbá, significa, papaíto, papá. Y lo que me estaban mostrando los angelitos —seguía contando esta persona—, es que dialoguemos con nuestro Padre, con Dios, con Abbá, con papaíto”. Cuando Jesús llama Abbá a Dios, el papaíto, muestra la paternidad. Dios es Padre bueno, tierno y cariñoso, con su hijo.

Cuando Él habla y se relaciona con su papá, lo hace como un niño que está sentado en el suelo, mirando al cielo con mucha confianza, seguro, escuchando, respetando su autoridad y mostrando que está dispuesto a obedecer a hacer la voluntad del Padre. Eso que tanto decimos los cristianos, y que tan poco hacemos.

En este diálogo, en esta charla, hay una carga de vibración tan especial, tan única, tan simple; es la confianza de saber que papaíto lo está escuchando. Nos escucha también a nosotros, si le hablamos como niños y estamos dispuestos a ser obedientes (que no es lo mismo que ser dependientes. Consiste en no decir que sí con la boca para hacer, luego, lo contrario con los hechos).
Cuando Jesús habla con papaíto, cuando ora, cuando dice Abbá, muestra la esencia de la relación de Él con Dios. Le habla como un niñito pequeño, lo invoca, lo llama con la ternura y el amor de un hijo a su padre. Si pensamos en este diálogo de Jesús con su padre, vemos el gran misterio de la misión de Jesús. El Evangelio es una guía de cómo nos tenemos que comportar, de cómo nos tenemos que relacionar, cómo podemos dirigirnos a Dios, para aprender el camino de regreso a casa.

(…)

Libro de Reiki Crístico. Pág. 209-210.

ISBN: 987-23370-0-04

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